Antonio Labajo, crear es poder

España en el objetivo | 02 | Antonio Labajo
Antonio Labajo teme el día en que le abandone la creatividad y por ello no deja descansar a su mente ‘cinéfaga’ con nuevos e interesantes proyectos que cruzan varios géneros con el fin de narrar para vivir. Recién clausurada la última edición del Festival de Cine de Málaga donde se han exhibido Proyecto Mágico y Una mujer sin sombra, el realizador gaditano anuncia su debut en la ficción desde el que abordará los resortes psicológicos del homicidio y prepara una obra sobre la gestación anual del Carnaval en su tierra. Entremedias reclama el poder del cine como crítica social y su frescura para trabajar en imágenes la realidad más actual.

Texto: Juan Manuel Sánchez

 

“Me gustaría tener siempre cosas que contar”

PERFIL
Antonio Labajo Altamirano (Cádiz, 1973).
Trabajos destacados: La penúltima, Se alquila, Ripem, La Isla de los vientos, May I sing?, Ensayo de una revolución, Proyecto Mágico y Una mujer sin sombra. En proceso: Por veinte minutos de gloria y Cinco bolsas de viaje.
Galardones: Finalista en Notodofilm Fest (2010), Premio RTVA al Mejor Documental Andaluz (2011), Mención Especial del Jurado del Festival de Cine de Martil, Marruecos (2012),

 

ElClubExpress: Adentrarse en tu obra implica conocer tu inquietante mundo y todo lo que le rodea. Tu cine me sugiere 2 aspectos distintos que combinados te convierten en un realizador interesante. Por un lado, tus cortos reflejan una inquietud social importante que hace que necesites contar la sociedad y los agentes que la componen. ¿Tienes voluntad real de denuncia o lo que muestras en tus trabajos es tan solo lo que aprecia en ella?
Antonio Labajo:
Ambas cosas. Cuando me pongo detrás de la cámara me gusta contar lo que pasa a mi alrededor según mi visión pero también con una motivación de denunciar aquello que creo es necesario. Con más razón en estos tiempos en los que en el cine prima mucho la estética y el comercio, ya que vivimos un momento en el que se rentabiliza hasta el cine de autor, cuyo fin tiempo atrás no era tan mercantil. Por tanto, la denuncia y la crítica deben estar a la orden del día y se hacen mucho más necesarias que antes si cabe.

En cuanto al segundo aspecto, dentro de ese “angular” social que te caracteriza percibo un marcado toque truculento en tus cortos al estilo Jodorowski, Álex de la Iglesia o incluso Lynch. Sobre todo en La penúltima veo una influencia muy clara de algunos de estos 3 autores, en ese punto grotesco de la trama. ¿Tienes influencia de alguno de ellos? ¿Cuáles han tenido más presencia en tu cine?
De los que has mencionado, de Lynch sobre todo y también de Kubrick. El corto La penúltima por ejemplo, que parte de una historia real que ocurrió en la Taberna del Almirante en el Barrio del Pópulo, en Cádiz, tiene elementos que recuerdan al cine de Kubrick como la escenificación de la barra con el camarero, que podría ser un guiño a esa escena de El Resplandor. Lo que hago realmente tiene múltiples influencias porque desde muy pequeño me he criado con el cine. Yo me quedaba de madrugada viendo los ciclos de cine que ponían en televisión y he visto películas de todo tipo de autores, desde Paul Morrissey a John Waters, así como empaparme de todo tipo de películas, ya fueran de cine mudo, clásico, más moderno o de autor. Hubo una época en que echaban todo este tipo de cine en La 2.

O había cierto tipo de videoclubes donde podías encontrar un cine más alternativo a lo que llegaba a las salas o ponían en televisión.
Claro claro. Antiguamente la fiebre del videoclub consistía en que tenías que pagar una cuota al mes y te llevabas una peli diaria. Entonces yo era el encargado de ir al videoclub a elegirlas y me recorría todo Cádiz en busca de ciertas películas. Recuerdo cuando quise ver Apocalypse now, había oído hablar de ella leyendo todas las revistas a las que podía acceder. Por aquella época leía todo lo que caía en mis manos:  Fotogramas, Cinemania, incluso alguna vez, no sé cómo, me llegó un ejemplar de Cahiers du cinéma. Antes de la era internet, para acceder a los contenidos tenías que escuchar los programas de radio, leer revistas especializadas y ese tipo de cosas. Además siempre he sido más que cinéfilo, cinéfago, más que tragarme las películas las fagocitaba. También he sido gran aficionado a las bandas sonoras, mi hermano y yo las coleccionábamos y podíamos tener cerca de un millar entre cintas, vinilos… Todo el dinero que ahorrábamos en cumpleaños o Reyes era para comprarlas, por catálogo sobre todo y te las mandaban por correo.

“Hoy la denuncia y la crítica en cine se hacen mucho más necesarias si cabe”

¿Qué tipo de películas te gustan como espectador y qué te interesa como director?
Como espectador tengo un gusto bastante amplio pero ante todo me gustan las historias que me aportan algo interesante. Si hablamos de géneros, la ciencia ficción y el terror serían mis preferidos, aunque también disfruto mucho viendo un thriller o cualquier película de acción, para poder formarme un criterio. Creo que es bueno no tener prejuicios como consumidor en ese aspecto y que para llegar a tener un buen criterio hay que estar abierto y dispuesto a ver cualquier tipo de película, incluso las que a priori puedan parecer un bodrio, aunque sea solo para ver cómo no hay que hacer algo. A esta clase de trabajos también les encuentras muchas veces aspectos que te aportan ideas o te sugieren cosas interesantes.

Como cineasta me interesa mucho lo social, tengo una vena muy Ken Loach. Lo descubrí en Alcances a través de una película suya, Riff-Raff creo que era, cuando el festival era aún de ficción. Me gustó mucho esa forma tan cercana, clara y descarnada de contar una realidad social con personajes tan cotidianos y sin artificios. A partir de ahí es una referencia importante en mi cine. De hecho tengo en la cabeza hacer algún día una película muy “made in Ken Loach”.

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Antonio Labajo © Juan Manuel Sánchez.

Casi todas las producciones en las que has participado han sido seleccionadas en festivales internacionales. ¿Cómo has vivido esa experiencia?
Pues la verdad es que si me lo cuentan hace 15 años ni me lo creería porque yo siempre he fantaseado con hacer cine; ya siendo muy chico hacía experimentos con el tomavistas de mi padre así que imagínate desde cuando me viene la pasión. Pero volviendo a tu pregunta, en la mayoría de festivales no te pagan el viaje, así que hemos ido a los que hemos podido. Si quieres asistir, hay que agenciarse y apurar todos los medios que estén a tu alcance para ello. Yo particularmente cuando quiero ir a alguno que me interesa especialmente, suelo echar mano de un hermano funcionario al que le presento una oferta que muchas veces no puede rechazar: yo pongo la manutención y alojamiento, que lo paga el festival, y tú pagas el billete, lo cual acepta normalmente.

Supongo que habrás sentido el reciente fallecimiento de Alta films, uno de los pilares del cine independiente en nuestro país. Leí en Facebook un manifiesto de Josetxo Moreno, director general de Golem, denunciando la situación del sector en España ¿Qué opinas de cómo se está gestionando el cine independiente nacional, de su futuro y del papel de la televisión pública con respecto a todo esto?
Desafortunadamente los videoclubes virtuales o plataformas de cine online le están ganando la partida a las salas de cine, sobre todo por las nuevas pantallas que están sacando al mercado con una gran calidad Full HD y ya están hablando hasta de sacar televisores con pantalla de resolución 4K. Ten en cuenta que, hoy por hoy, apenas hay salas de cine que cuenten con esa resolución, unas 4 o 5 en España ya que ahora mismo las salas de cine digital suelen proyectar en 2K debido a que los proyectores son muy caros y pocos exhibidores se lo pueden permitir. Pero es lo que se está rodando ahora y son las salas las que se tienen que ir adaptando a este avance tecnológico que hace que el cine esté cada vez más al servicio del usuario. Y en este punto podemos hablar del salto a la democratización del cine. Antes, para poder rodar una película, todo resultaba muy costoso, tenías que medio hipotecar tu vida. En cambio ahora con las nuevas cámaras digitales, por un precio módico, posees una gran calidad que te permite hacer cine al nivel de las cámaras antiguas, muy profesional y al alcance de cualquiera. Todo ello sumado a internet está haciendo que por un lado se sature el mercado, pero por otro beneficia a los realizadores independientes y al consumidor, ya que a aquellos lo que antes les suponía una gran barrera para poder estrenar debido a la maraña de la distribución tradicional, ahora les permite tener su propia difusión y distribución y su foro en internet. Eso está muy bien porque te permite mostrar tu trabajo con más accesibilidad, e igual de accesible es para el consumidor a la hora de poder elegir qué quiere ver.

En cuanto al papel de la televisión pública en el sector, es cierto que ha dejado de apoyar al cine español y se nota. Pero también creo que los que queremos hacer cine no podemos depender de una subvención y debemos buscar otras vías para conseguir financiar los proyectos. Y si hay que bajar los precios en todo y ajustarse el cinturón, pues se bajan y no pasa nada.

“Los que queremos hacer cine no podemos depender de una subvención y debemos buscar otras vías de financiación”

Hablando de la democratización del cine, debido al fenómeno internet esto está ocurriendo también con el resto de las artes, pero quizás el teatro es el que se mantenga inalterado por su propia esencia. Tú que también eres hombre de teatro, ¿qué opinas de una posible evolución y su fusión con el cine?
Yo creo que hablamos de dos lenguajes diferentes, distintos códigos desde la interpretación hasta la puesta en escena. En el cine ha habido autores que han experimentado haciendo películas con esa base teatral, como por ejemplo Lars Von Triers en Dogville o Manderlay, que usa puestas en escena descaradas. Pero la sensación de ver una obra de teatro en directo no se puede capsular en una pantalla ya que es aquí y ahora, algo vivo que consiste en sentir al público y que el público te sienta a ti. Una película es un proyecto acabado, que tú lo proyectas y ya no puedes hacer nada.

En cuanto a mezclar los dos lenguajes, en el teatro tú puedes jugar a incluir elementos cinematográficos y viceversa, pero no crea el mismo efecto. Mostrar en el cine un efecto teatral en la misma forma que pueda causarlo el teatro por sí mismo no se podrá conseguir en la vida. Puedes mostrar una visión pero será maniquea porque uno de los aspectos diferenciales entre teatro y cine es el punto de vista. En el cine, el punto de vista del espectador es el del director, y en el teatro el punto de vista es el de siempre, es único y cada espectador tiene uno en función de donde se sitúe y focalice su atención.


¿Crees que el cine como arte ha perdido esencia en su evolución, en cuanto que fue concebido para expresar a través de la imagen primordialmente?

No creo que eso sea así. De hecho hay realizadores que siguen haciendo lo que se ha hecho desde que el cine es cine y otros que continúan explorando nuevas fórmulas audiovisuales y de expresión. Te digo esto sobre todo porque lo artesanal es muy caro y la tecnología lo resuelve casi todo, por eso poca gente se dedica a hacer cine de esa forma. Ya que me hablas de esto hay una película de Scorsese, La invención de Hugo, que me parece muy interesante ya que es una reflexión y homenaje al mismo tiempo al cine antiguo. La recomiendo porque es toda una carta de amor al séptimo arte.

La reestructuración que por desgracia está padeciendo nuestro Estado lleva a replantear otros modelos a los que quieren hacer cine. Tú estás inmerso en una plataforma que se llama Yolaperdono, iniciativa que surgió hace dos ediciones de Alcances entre varios de los realizadores que presentaban sus proyectos. Creo que está siendo una experiencia muy positiva para vosotros ¿no?
El alma de Yolaperdono surge en la edición de Alcances en la que Pedro Sara y yo presentábamos Ensayo de una revolución, coincidiendo con Manuel Jiménez, que es un realizador fantástico de Málaga que ha hecho varios documentales muy galardonados como La aldea perdida. El lado oscuro, que se llevó el premio el año pasado en aquel certamen. El proyecto se fue fraguando solo en los “Desayunos con los realizadores”, que por cierto no me cansaré de aplaudir y elogiar esta sección del festival, ya que consigue generar un ambiente fantástico entre los participantes y me parece fundamental, está confeccionado de tal manera que nos podamos conocer de verdad y no sea la típica fiesta de las copitas, que es lo que se hace en la mayoría de los festivales.

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El equipo de 'Proyecto Mágico' en la inauguración de Alcances 2012 © Julio Sampalo.

“Puedes jugar a mezclar los lenguajes cinematográfico y teatral pero no crean el mismo efecto. El teatro es aquí y ahora, algo vivo”

 

En ese seno de los desayunos nació la idea del documental Proyecto Mágico. La historia surgió porque yo les hablaba de la figura de Mágico González a través de un calendario que llevo siempre del mítico bar gaditano Los Pabellones donde aparece su imagen. Entonces se empezó a hablar de hacer una película documental sobre él y al principio todo el mundo se apuntó al carro. Yo fui un poco el precursor de la idea junto con Manuel y propuse hacer como un collage de realizadores en el que cada uno diera su visión de Mágico aportando algo a la historia desde su ciudad, y así terminar haciendo un largo documental. Lo cierto es que tal como estaba planteado de inicio aquello era un poco caótico, lo cual fue evolucionando de forma natural y al final, por practicidad, el grupo se concretó y nos quedamos en el proyecto la sección de Málaga y los de Cádiz. En ese momento a Manuel  y a Diego y David, que eran los que trabajaban con él, los habían despedido de su empresa, así que decidieron crear una plataforma para montar proyectos por su cuenta; de esta manera surgió Yolaperdono. La sede y el corazón del grupo, por tanto, están localizados en Málaga ya que fueron los promotores. Pedro Sara y yo inmediatamente nos sumamos a la iniciativa y el primer trabajo fue Proyecto Mágico.

La plataforma viene a ser entonces como una cooperativa cinematográfica, que funciona con las aportaciones de cada miembro para sacar proyectos adelante ¿no es cierto?
Sí, se puede decir que funciona a modo de cooperativa. Cada proyecto es un mundo y si hay uno en el que podemos colaborar, cada persona aporta lo que tiene en ese momento y vamos cooperando también según se va desarrollando y en función de la naturaleza del mismo.

¿Asociaciones de este tipo son la mejor fórmula para poder hacer cine en España ahora y probablemente la salvación en los años venideros?
Totalmente. La unión hace la fuerza y uno solo no tiene la capacidad per se para hacer una gran producción, pero si en cambio te juntas con otros profesionales puedes hacer cosas interesantes y de gran magnitud. Es muy difícil trabajar de forma autónoma sin contar con la colaboración y el apoyo de más gente.

Yolaperdono funciona a modo de cooperativa, todos vamos aportando lo que tenemos. Es muy difícil trabajar como autónomo sin colaboración”

¿Siempre intervienen todos los miembros en cada proyecto o como lleváis esto? Porque luego cada uno tiene sus trabajos personales ¿verdad?
Yolaperdono tiene la virtud de que no solo somos realizadores sino que está conformada por profesionales con distintas especialidades, desde fotógrafos a técnicos de sonido, y cada uno de los integrantes de la plataforma tiene sus proyectos y hay plena libertad a la hora de crear y de asociarse. Pero funcionamos como equipo y muchas veces nos ayudamos incluso en proyectos personales, como por ejemplo en el documental de Pedro Sara sobre el flamenco titulado Hasta que la noche llegue, donde los malagueños estuvieron echando una mano.

 

Junto a Pedro Sara, tu partenaire del alma, intervienes en Una mujer sin sombra, documental biográfico sobre la actriz Asunción Balaguer en el que te has encargado del sonido. Explícame cómo surge este proyecto, esa conexión especial de la cinta con Cádiz y la aparición en ella de Sancho Gracia y el testimonio de Silvia Pinal.
Una mujer sin sombra es un proyecto dirigido por Javier Espada, que es el director del Centro Buñuel de Calanda, el albacea testamentario de Luis Buñuel, su representante en la tierra. Para cualquiera que quiera saber algo sobre Buñuel, él es el tipo. Javier ya había hecho un corto con Asunción Balaguer como protagonista y esta le sugirió la posibilidad de hacer algo documental sobre su vida. Por otro lado, Pedro Sara hizo la exposición de fotografías de su documental La Isla de los vientos, hace 2 o 3 ediciones de Alcances y coincidió que Javier Espada estuvo por aquí, vio la muestra y le gustó. Entonces entablaron amistad y así surgió Una mujer sin sombra. Pedro me llamó por si me quería unir al proyecto con mi equipo de sonido y no me lo pensé 2 veces. Empezamos a trabajar y Asunción te abre las puertas del cielo, es una mujer para comérsela, muy cariñosa y todo el mundo la quiere muchísimo, así que fue muy fácil. Eso sumado a que mucha gente aprecia a Javier Espada y todo el gremio conocía y quería a Paco Rabal hizo que el documental ya estuviera hecho por sí solo. La cinta es un biopic sobre la vida de ella y de Paco, y es un documental a su vez sobre la historia del cine y el teatro español de cierta época, ya que a raíz de sus historias, de los personajes que salen y las cosas que te cuentan te vas haciendo una radiografía de cómo era aquel tiempo, cómo ha ido evolucionando y cómo están las cosas. Es muy interesante.

La conexión del documental con Cádiz viene porque estábamos rodando en muchos sitios, Madrid sobre todo, y echábamos en falta algo de luz y mar. Así que yo que tiro mucho para mi tierra me dije: “¿qué mejor sitio que Cádiz?”. A Javier también le mola mucho, así que empezamos a grabar y las primeras y últimas escenas del documental están rodadas en Cádiz, en el mar, y termina en el Gran Teatro Falla. Fue una gran experiencia lo de rodar aquí porque además el comercio gaditano se volcó y colaboraron apoyando en todo lo que pudieron.

Tuvimos también el placer de compartir un buen rato con Sancho Gracia, genio y figura hasta la sepultura; creo que fue lo último que hizo para el cine y ya ahí andaba con una tos muy chunga. Nos recibió de maravilla y al terminar nos obligó a tomarnos con él un Campari con soda que es lo que pedía siempre. Una vez fuera de foco nos estuvo contando anécdotas de él con Paco y del propio Paco, algunas de ellas han quedado fuera del guión y no salen porque viniendo de aquel trío juerguista que formaban Rabal, Gracia y Fernán Gómez, ese rat pack a la española… Te puedes imaginar. Lo de Silvia Pinal surgió en un viaje de Javier a México, que aprovechó para contactar con ella. Fue un testimonio muy coyuntural también, para darle el punto de coproducción con aquel país ya que hay una productora mexicana que ha participado también en el proceso de posproducción.

“En ‘Una mujer sin sombra’ muchas anécdotas han quedado fuera del guión, como ese trío juerguista que formaban Paco Rabal, Sancho Gracia y Fernán Gómez

Tú vienes del mundo teatral, te formaste como actor siendo muy joven en el prestigioso laboratorio William Layton. ¿Qué te ha aportado esta etapa y ese bagaje en tu posterior actividad como cineasta y de qué manera te ha influido en la aventura del cine?
Empecé haciendo teatro desde muy joven, en el año 91 o 92, como aficionado. Me fui a Cuba donde estuve una temporadita con una compañía de allí, Teatro Los Elementos. Lo que hacíamos era teatro comunitario, íbamos por las poblaciones de guajiro llevando el teatro por las montañas. Allí hice buenos contactos con el grupo y fue una gran experiencia. Curiosamente ese grupo empezó a rodar una película llamada Viviendo al límite de Belkis Vega, una documentalista ahora muy conocida que al cabo de los años pude ver en Alcances. Después me formé como actor en la escuela William Layton en Madrid para completar mi formación técnica, porque para entonces yo ya contaba con 10 años de tablas teatrales pero siempre está bien conocer las técnicas y relacionarte con gente de tu misma onda. Aunque no es de las escuelas más conocidas, cuenta con un gran prestigio de años ya que es un lugar muy duro, muy sesudo. Se le mete mucha tralla a la técnica y prueba de esto es que allí se han criado muchos de los que ahora son grandes talentos de la interpretación nacional, de la envergadura de Ana Belén o Carlos Hipólito. Pero sin duda ese prestigio se lo otorgan los profesionales que la componen como por ejemplo Arnold Taraborelli, que ha formado generaciones de actores en movimiento y expresión corporal y al que, precisamente, hace poco le han hecho un documental que se titula Dos palmas. Destacar también al fallecido Antonio Llopis, que se suicidó, un tipo con una onda muy negativa pero super creativo, genial en lo suyo. Todos eran de la época antigua del teatro, muy del espíritu hippie de los 60, y también había mucho “papa frita”, por qué no decirlo.

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Rodaje de 'Una mujer sin sombra', con Asunción Balaguer, Labajo y Sara.

¿De dónde te viene esa inquietud por hacer películas? ¿Cómo aprendió?
En Madrid pude participar en muchos cortos y aunque ya había hecho mis pinitos en el cine, se puede decir que este fue un contacto más amplio. Colaboraba como actor en estos proyectos que se hacen en las escuelas de cine de los que luego no ves ninguno. Te dicen que ya te lo pasarán y nunca lo hacen, ¡lo típico! Entonces llegó un momento en que José Pedro Carrión, Premio Nacional de Teatro y más que profesor, uno de mis maestros en la escuela, me dio un buen consejo. Me preguntó qué quería ser, cabeza de ratón o cola de león. Me aconsejó que me fuera a mi ciudad, que hiciera las cosas desde allí que seguro que me iba mejor, porque en Madrid siempre habría mucha competencia y muchas más trabas para todo. Yo ya lo tenía medio meditado y hablar con este señor significó la puntilla a mi decisión. Fue un consejo que seguí al pie de la letra y que me ha servido de mucho en mi carrera. Una vez en Cádiz, me llené de energía y me lancé a hacer cosas como realizador. Conseguí mi primer equipo de cámara con una subvención que le dieron a mi mujer, presentamos un proyecto y gustó; con eso ya empezamos a trabajar. Mi etapa teatral me sigue aportando muchas cosas porque nunca me he desvinculado del teatro y no tengo en mente hacerlo nunca. Pero a la hora de hacer cine el teatro me sigue aportando la visión, sobre todo en los trabajos de ficción. Hay que conocer la técnica de la interpretación para poder dirigir actores, es obvio, ya que en teatro y cine todo está íntimamente ligado y como siempre he tenido las dos pasiones paralelas, ambas disciplinas me han servido como retroalimentación.

“Hablar con José Pedro Carrión me ayudó a dejar Madrid e irme a mi ciudad, Cádiz. Me llené de energía y me lancé como realizador”

Tu experiencia como realizador engloba 4 cortos de ficción y después te has decantado por el documental. ¿Cómo ha derivado tu cine a ese género? ¿Te interesa más desde la perspectiva artística?
El género documental siempre me ha atraído mucho ya que creo que es un medio de expresión que te ofrece muchas posibilidades. Mi iniciación en él fue gracias a Pedro Sara, que me llamó para su trabajo La Isla de los vientos como ayudante de dirección. Ya Ensayo de una revolución fue el primer proyecto que decidimos realizar codo con codo, como productores y realizadores. Y a partir de ahí fueron surgiendo más como May I sing? que grabamos en Kirguistán, la dirigió Pedro y yo estuve como productor y técnico de sonido.

Con respecto a qué género me interesa más, realmente los 2 por igual aunque si hay que elegir entre papá y mamá, me quedo con la ficción. Pero creo que ambos ofrecen las mismas posibilidades artísticas. Esa frontera está muy abierta, esa delgada línea roja que ha habido entre los 2 géneros ya no está tan marcada. Hay aspectos de la ficción que tienen mucho del documental y viceversa, prueba clara de ello es la aparición del falso documental que es por el que yo me decantaría. Un buen ejemplo es Una historia para los Modlin, que se presentó a Alcances el año pasado; una maravilla pero claro ¿cómo se define? ¿es ficción, documental? Porque es una historia real contada como documental pero planteada como ficción. Hoy en día está todo muy mezclado.


Háblame de Pedro Sara y ese tándem profesional y artístico que formáis. ¿Qué ha significado para ti esta unión y qué te aporta?

Pedro es una persona con muchísimo talento, muy creativo y con una gran capacidad de trabajo. Me aporta el empuje, la energía para encauzar los proyectos, porque yo reconozco que normalmente tengo demasiadas cosas en la cabeza y me cuesta concretar y arrancar. A veces es necesario tener a otra persona para darte el pinchazo y tirar hacia delante. Esto es lo que aporta Pedro que, aparte de ser un currante, conoce muy bien la técnica de la fotografía y eso siempre da un plus de calidad a todo lo que hacemos. Nos compenetramos bien, además tenemos muy buena amistad y nos gusta trabajar juntos. Hemos hecho ya muchas cosas y siempre que podemos trabajamos conjuntamente.

“Si tengo que elegir entre documental y ficción me quedo con esta, aunque ambos ofrecen las mismas posibilidades artísticas”

¿Os ponéis celosos si no participáis respectivamente en los proyectos que abordáis por vuestra cuenta?
No no, para nada. Somos un matrimonio muy bien avenido. De hecho yo siempre digo que si tuviera una hija la llamaría Sara Labajo. Tendremos nuestros piques y nuestras cosas como cualquier pareja pero siempre nos apoyamos y ayudamos en cada trabajo que hacemos.

En cuanto al movimiento 15M, después de ver Ensayo de una revolución, tuve la oportunidad de contemplar en la pasada edición de Alcances el largo documental 50 días de mayo (ensayo para una revolución), de Alfonso Amador, que resultó ganador. Curiosamente ambas obras se titulan casi de forma idéntica. ¿Presentan algún paralelismo o tienen conexión de algún tipo?
Yo era jurado precisamente el año pasado y tuve la oportunidad de hablarlo con el propio director, Alfonso Amador. Fue muy curioso porque al ser el trabajo vencedor en la sección de largometraje documental, mucha gente me felicitó pensando que era el mío, ya que mi proyecto salió antes que el de él, así que la confusión estaba servida. El título fue una coincidencia porque hay un año de diferencia entre las dos películas. Aunque el planteamiento es diferente, el concepto es el mismo y, obviamente, el contenido también. Cuando uno ve una película sobre el 15M le recuerda a todas, la simbología es la misma. Como yo siempre digo, las ideas están en el aire, y con más razón si hablamos de un fenómeno como fue aquel, que se prestaba a coger una cámara y a hacer de todo desde el primer momento.

¿Cómo viviste la experiencia y qué significó para ti?
Muy intensa. Yo creo que aunque nosotros estuviéramos rodándolo, estábamos como todos, sin saber dónde iba todo eso, viviéndolo con la misma expectación e incertidumbre. Y si no hubiera estado rodando, hubiese estado como uno más asistiendo al acontecimiento. Filmarlo fue todo un aprendizaje porque había que hacerlo sobre la marcha y no sabíamos realmente qué iba a pasar. No teníamos un guión ni nada, íbamos grabando y por las noches volcando, montando y decidiendo. Básicamente era una forma de trabajo muy intensa pero a la vez muy atractiva. Fue una experiencia muy documental, ya que todo era in situ, documental puro vamos. El proceso era coger el equipo básico y lanzarse a la calle a grabar, ya que todo sucedía en directo.

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Imagen de 'Ensayo de una revolución'.

Desde tu perfil de cineasta crítico, ¿en qué piensas que ha quedado todo esto?
Pienso que toda la pasión, ese arrojo y la cantidad de energía que había al principio del movimiento se ha ido economizando con el tiempo. Para intentar explicarlo o concretarlo en una frase, me remito a un proverbio africano que usamos en la película y que creemos que define muy bien lo que significa esto: “Caminamos despacio porque vamos muy lejos”. De hecho se está viendo que se trata de una carrera de fondo y creo que la gente ahora, cuando se enfrenta a ciertos aspectos de la política y a las cosas que están pasando, ya se lo toma con ese aprendizaje del 15M ¿no? Y eso es interesante porque todo esto que está ocurriendo con el tema de los escraches antes no hubiera sido posible sin ese trabajo previo, ese rollo asambleario… Es una vuelta un poco al espíritu del movimiento asociativo vecinal, donde se hacían asambleas, que recuerdo que cogió mucha fuerza en los 80, para hablar de los temas que ocurrían en los barrios pero que se perdió en algún momento. Y ahora parece que se ha vuelto a retomar un poco el movimiento vecinal, sobre todo el aprendizaje de cómo se hace una asamblea, que era un tema que estaba olvidado.

Siguiendo con el tema político y relacionándolo con tu obra, me gusta y me llama la atención el final del corto Ripem. Es una forma muy afilada de ironizar y reprobar al poder público que te hace reflexionar. ¿Crees que la situación que vivimos es tan extrema como la manera en que la proyecta este trabajo?
Cuando se hace un corto, evidentemente, se exageran muchas cosas y eso es lo que lo lleva a la comedia negra. Pero también te digo que se están viendo cada vez más noticias y cosas que nadie pensaba que pudieran ocurrir. A lo mejor tan tremendista no, pero pienso que de alguna forma el Estado está eliminando gente en el sentido de que hay personas que se están suicidando por no poder pagar la hipoteca. El fondo al final es el mismo y aunque sea muy negro pensarlo, quién dice que no haya quien piense: “bueno, un trabajador menos”. Yo creo que hay un genocidio silencioso y poco a poco nos están aniquilando. Aparte de que nos quitan toda la libertad y  los medios para expresarnos, nos están despojando de la capacidad para poder reaccionar ante las cosas. El que no lo quiera ver es que no tiene ojos.

“Hay un genocidio silencioso y nos están aniquilando. Nos despojan de la capacidad de reaccionar ante las cosas”

¿Cómo fue la experiencia de rodar con 2 perlas de la dramatización gaditana como Manuel Tallafé y Manuel Morón?
Son unos bicharracos. Lo mejor fue que cuando nos pusimos en contacto con Manuel Morón. Él nos pidió que le mandáramos el guión, le gustó y dijo: “¿cuándo ruedo?”. Yo a él no lo conocía personalmente, pero sí teníamos amistades comunes porque José Machado, que es actor y amigo mío, había sido alumno suyo en  el grupo Coraza. La escena final sobre todo fue muy bonita, cuando a la salida de Morón de la oficina de empleo, José Machado le pregunta por cómo le ha ido la entrevista. Fue un cameo que metí para que alumno y maestro se encontraran en la misma secuencia, algo así como una pequeña perversión mía que nadie sabe ni tiene por qué saber. Un puntito que quise tener de decirle a mi amigo: “mira, te vas a pegar una escenita con tu profe, que siempre es bonito”. La  experiencia fue todo un lujo ya que tanto Morón como Tallafé son encantadores y grandes profesionales ya reconocidos a nivel nacional. Por otro lado, como los 2 son de Cádiz todo queda en casa y sabía de antemano que eran los personajes ideales para esta historia.


¿Qué me cuentas de ese nuevo proyecto sobre el Carnaval que se oye por ahí? ¿Qué tipo de material vas a mostrar y qué enfoque le darás, cuándo podremos verlo?

Bueno el titulo ya lo dice todo, Por veinte minutos de gloria. Qué es lo que sacrifica una persona para llevar esa obra a cabo. Cómo se convierte alguien anónimo en artista por 20 minutos, que es el tiempo que dura de media una actuación de Carnaval. A mí lo que me interesa mostrar es cómo personas anónimas viven su vida normal, su trabajo, y cómo de pronto sufren esa transformación, esa epifanía  y se convierten en artistas anónimos cuando llega el Carnaval y durante esos 20 minutos, todos los focos están sobre ellos. Lo que me interesaba también era explorar el backstage de la fiesta, no enseñar lo típico de las agrupaciones y sus actuaciones, sino quedarme atrás y ahondar en las personas que la componen: cómo se llega a eso, el sacrificio que supone para muchos sacar una agrupación y cómo les repercute a sus familias y a sus trabajos esos 5 meses de ensayo. Contar ese lado humano del Carnaval, el de la vida de las personas que están detrás de ese maquillaje, de ese disfraz. Además tenemos personajes muy potentes ahí, hay uno que le dicen José “El Pompa”, que trabaja en el cementerio en pompas fúnebres y luego canta en el coro de Julio Pardo. El documental se estrenará a finales de 2014 o principios de 2015.

“Me inquietan los porqués en la historia del descuartizador de Cádiz, los mecanismos por los que alguien llega a hacerle eso a su amigo”

También te encuentras inmerso en lo que puede ser tu primer largo de ficción, sobre el descuartizador de Cádiz. Otro tema que confirma ese toque inquietante y truculento del que hablábamos antes. Fue un suceso de lo más estremecedor que siempre despertó mucho interés. ¿Cómo surgió este proyecto y cuál es la motivación para rescatar ese suceso y llevarlo al cine?
Esa historia ya llevaba varios años rondándola. Fue un suceso que nos impactó a todos cuando ocurrió allá por el año 89 y a mí siempre me llamó la atención, sobre todo los mecanismos y las motivaciones de cómo una persona llega a hacerle eso a su mejor amigo. Me inquietan los porqués de la historia y quiero explorar ese mundo. También me interesa mucho el punto de que, por ejemplo, cuando te sientas en un autobús o en cualquier sitio al lado de alguien, tú no sabes la vida que lleva. Quiero investigar por esa vía, de hecho lo que llevamos rodado es un viaje en autobús ¡muy inquietante! Tenemos filmadas ya un par de escenas y se va a llamar Cinco bolsas de viaje, que son las 5 partes en las que dividió a su colega y son a su vez los 5 viajes que va a realizar este personaje y las cosas que le van a pasar en ellos. En este proyecto cuento con Pedro Sara como director de fotografía, Luismi Vulpe como operador de cámara también, José Aguirre de sonido, José Machado de actor, y ya iré incorporando gente porque voy escribiendo las escenas a medida que voy a ir a rodar, muy sobre la marcha. Tiene también un toque documental pero no es ni mucho menos una recreación de lo que pasó, está inspirado en pero ya está. Evidentemente todo el mundo en Cádiz va a recordar a ese personaje, pero no es fidedigno. Me gustaría que estuviera listo también para el año que viene.

A la hora de trabajar no eres muy metódico en cuanto a los procesos, vas creando y plasmando las ideas al tiempo que vienen. ¿Te sientes más cómodo con esta forma de trabajar?
Sí, yo no creo en un guión cerrado ni en los programas. Todo está sujeto a cambios y eso también le da más frescura, aunque a veces se convierta en una locura para el montaje.

¿Hacía dónde quiere ir Antonio Labajo como profesional en este momento?
Hay algunas cositas en mente pero mejor no hablar, que se gafan. Tengo un proyecto muy personal en el que me estoy tomando mi tiempo y cuando se encuentre más avanzado ya hablaré sobre él. También tengo otra cosa entre manos de la que se está hablando, a ver si surge. Como profesional me gustaría dirigirme a poder tener la capacidad para contar lo que me apetezca y poder vivir de ello, sin tener que poner muchas copas. Me conformo con seguir en esta brecha del cine y seguir haciendo cosas. Me gustaría sobre todo tener cosas que contar siempre, que no llegue un día en que se me acabe esa creatividad. El teatro tampoco lo dejo nunca, siempre me acompaña y si puedo me gustaría compaginar las dos cosas.

Para cerrar la entrevista te voy a hacer la pregunta que seguramente nadie te hizo nunca y espero no incomodarte. Te voy a pedir que te mojes entre tus dos pasiones ¿teatro o cine?
No lo sé, vamos a dejarlo ahí.

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*España en el objetivo es una serie de entrevistas cuyo fin es difundir parte del trabajo realizado en el ámbito audiovisual nacional. A través de este monográfico repasaremos la trayectoria de directores de ficción y no ficción, intérpretes, guionistas, profesionales de la fotografía, animación y demás fauna fílmica patria. Un homenaje de ElClubExpress a los que se dejan la piel para hacer de nuestro cine algo de lo que sentirnos muy orgullosos.


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