“Esos” críticos…

“Esos” críticos…

 

Estamos rodeados de “esos” críticos. Críticos de casta y cuna, que siempre parecen haber estado ahí, que parecen querer competir en popularidad con los artistas a los que juzgan y a los que no dudan en sacudir con golpes directos y certeros, pase lo que pase y caiga quien caiga. Por poner algún ejemplo, viviendo en Sevilla durante La Bienal de Flamenco se huele la sangre fresca en la calle, se abre la veda para los críticos más mordaces, en una carnicería/competición por ver quién insulta con más gracia. Incluso esta misma semana se ha levantado bastante revuelo por Madrid a cuenta de un bloguero anónimo dedicado a separar títeres de sus cabezas en el mundillo teatral de la capital de España. A “esos” críticos, capaces de descargar su ira y no mirar atrás, a los amantes de la crítica destructiva, está dedicado este artículo.

No es lo mismo una mala crítica que una crítica destructiva. Ésta última… ¿tiene sentido?

Llevo más de una década escribiendo sobre arte en vivo, especialmente espectáculos de artes escénicas. Nunca he tenido una sección de “crítica”, tal vez por respeto, por humildad, por cobardía, o incluso por intuición. En LaTeatral (revista de artes escénicas que estuvo en marcha entre 2003 y 2012)  lo llamábamos “comentarios”, ahora en ElClubExpress lo llamamos “crónicas”. No nos sentimos incómodos cuando alguien nos dice “me gustó vuestra crítica”, simplemente no usamos esa palabra. Pero, en cualquier caso, lo cierto es que hemos publicado muy pocas críticas/comentarios/crónicas no buenas, casi ninguna mala y, desde luego, ninguna destructiva, y lo hemos hecho sin engañar o mentir, simplemente seleccionando el contenido que íbamos a publicar para no tener que sacar aquello que nos parecía contraproducente. Sobre todo porque preferimos incitar a la gente a conectar con la cultura, no a evitarla, y porque nos da enorme reparo, fíjate qué cosas, jugar con el pan de quienes intentan vivir del arte y la cultura.

¿Por qué existen las críticas destructivas?

Nunca he entendido el momento en el que alguien decide, por primera vez en su vida, escribir destructivamente sobre una obra de arte. Sobre todo porque normalmente los críticos son personas que dicen amar el arte y que muchas veces han pasado por él, incluso algunos siguen en ello, de forma amateur, semi aficionada o profesional. Los que escupen y vomitan no; éstos o nunca han participado de un proceso artístico o lo dejaron cobardemente para no permitir que los demás los juzguen, dejando al aire sus propias limitaciones.

Cuesta trabajo entender que un crítico prefiera vomitar contra un artista que apoyar a otro

Entonces, si un crítico de teatro ama el teatro… ¿en qué momento empieza a despotricar, muchas veces de forma sistemática, sobre teatro? Sinceramente, me cuesta mucho entenderlo, aunque hay quien defiende las críticas negativas (distíngase “crítica negativa destructiva” de “crítica negativa constructiva”), sobre todo por cuatro motivos:

1) El primero, es por “honestidad”. Aunque, sinceramente, siempre he visto una opción mucho más interesante no publicar sobre algo que no me ha gustado nada antes que gastar valioso tiempo y recursos en hundir ingeniosamente el esfuerzo de los artistas. Creo que a menudo se confunde la honestidad con la crueldad innecesaria.

Nunca he comprendido muy bien qué interés tiene un crítico en privar al público de opinar sobre una obra

2) El segundo motivo, en relación con el anterior, es para “advertir” al público. El crítico aparece como un prescriptor , capaz de adivinar lo que TODO el público no quiere y/o no debe ver. Pero el crítico no parece pararse a pensar en que cada vecino tiene un gusto y que no existe solo un público, sino públicos infinitos y multiformes. Una mala crítica, pero constructiva, bien podría incluir cosas como “si no te gusta este artista, no vayas a ver este otro, que tendrá sus seguidores, pero no será de tu estilo”. Y tampoco es muy común que un crítico reconozca sus propias limitaciones, porque a un crítico, como a cualquier persona, no tienen por qué interesarle todos los géneros y estilos, o ni siquiera tener conocimientos para enfrentarse a ellos.

– Pero eso también ocurre cuando un crítico recomienda algo, ¿no?

– Bien, me has pillado, lo que ocurre es que si un crítico recomienda, lo que hace es dar la opción a un espectador de ver el espectáculo y, una vez visto, este mismo espectador puede discrepar sobre su excelencia. Intentar que la gente no vaya a ver algo es intentar privar a la gente de que tenga juicio propio.

3) El tercer motivo para defender que se hagan malas críticas sería porque a veces de las críticas negativas se sacan ideas constructivas que ayudan a los espectáculos. Aceptamos este caso, aunque volveríamos al punto número dos (mejor no publicar y si el crítico es buen compañero, incluso puede enviar notas a los artistas, tan localizables a día de hoy). Ridiculizar o insultar a los artistas, sinceramente, ¿tiene algo de constructivo?

4) El cuarto motivo es el único que veo discutible: la denuncia. En ocasiones se invierte muchísimo dinero público en grandes obras artísticas que no sostienen, objetivamente, una justificación para tal gasto. Sin embargo, tampoco es muy común esta categoría, principalmente porque gran parte de los críticos y críticas no son realmente periodistas culturales -muchos de ellos los dicen, no estoy teorizando-, sino únicamente “críticos puros”. Es decir, no miran más allá de lo que hay sobre el escenario y si denuncian algo suele ser más su particular “indignación” por algo que no les ha gustado.

NOTA: Es cierto que dejamos de lado las lógicas mediáticas y pautas de emisión y publicación. Es decir, en ocasiones el crítico recibe el encargo de reportar sobre una obra de arte, y si no ve por dónde cogerla, admito que es complicado salir del embrollo. Pero siempre habrá un director de programa o un editor que podrá decidir no dar cobertura, además de que ni en estas ocasiones creo que la crítica destructiva sea útil para nadie.

“Esos” críticos, no son mucho de mi agrado, incluso considerando que una parte de mi trabajo tiene que ver con el suyo. Los he escuchado -esto es verídico- salir de un espectáculo gritando “voy a tener que ponerme a dirigir yo para que la gente vea buenos espectáculos”. También he hablado con otros cuya única preocupación era mantener su página en el periódico por lo que suponía en su retribución mensual y a los que les importa un bledo que el teatro (o la cultura) vaya bien o mal, porque pertenecen a la pura raza de los críticos que no ven más allá de sus narices. Casta.

Sí, mi crítica destructiva va para “esos” críticos. Son mediocres, grises y oscuros. “Esos” críticos son tristes, prepotentes y acomplejados, son extrañas sanguijuelas de la cultura que no tienen pudor en alimentarse del jugo vital de los artistas, ególatras que quisieran que su firma llenara teatros y que, en el fondo, nunca han hecho nada productivo. Y si eres crítico y estás leyendo esto igual te estás mosqueando un poco conmigo. Pero si tú no eres de “esos” críticos, seguro que sabrás identificarte, y también sabrás que tú estás de mi lado, compañera/o, y que éste escupitajo, este vómito, no está dirigido a ti.



Gestor cultural. Experto en comunicación cultural. Director de ElClubExpress



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