Calvo Poyato: “los españoles se recrean en sus acontecimientos históricos más trágicos”

Calvo Poyato: “los españoles se recrean en sus acontecimientos históricos más trágicos”

 

Nacido en el municipio cordobés de Cabra en 1951, José Calvo Poyato es uno de los referentes a la hora de hablar de la novela histórica española. Catedrático de historia, novelista y político, este autor ha dedicado parte de su trayectoria profesional al estudio del final de la Casa de Austria y la llegada de los Borbones a España, además de haber profundizado en otros momentos igual de destacables de nuestra historia. Después de haber publicado diversas obras de divulgación histórica, en 1995 se atreve a dar el paso a la novela con El hechizo del rey, un libro dedicado al monarca Carlos II el Hechizado, a la que le seguirían muchos otros trabajos similares como Conjura en Madrid o La Biblia Negra, traducidos a diferentes idiomas. También ha sido el fundador de la revista Andalucía en la historia, colaborador asiduo de diversas revistas temáticas (de corte histórico), ganador de los premios Juan Valera, Monografías y Juan Días del Moral por varias de sus obras y miembro de la Real Academia de Córdoba.

Su última referencia literaria se titula El Gran Capitán, una novela que ahonda en la figura de uno de los tantos héroes olvidados de la historia de España, el también cordobés Gonzalo Fernández de Córdoba. Un personaje (al que el autor no duda en llamar por su nombre de pila como a un conocido más) que destacó notablemente tanto en el ámbito militar como el personal, a pesar del enorme recelo que sufrió por parte del rey Fernando de Castilla. Desde ElClubExpress hemos hablado con Calvo Poyato sobre este importante “Gran Capitán”.

 

Para aquellos que no lo conozcan, ¿quién fue Gonzalo de Córdoba?
Gonzalo fue uno de los hombres que pueden representar mejor uno de los momentos más atractivos de nuestro pasado, de nuestra historia, el paso del s.XV al s.XVI. Me parece que termina siendo aclamado como Gran Capitán no en balde, sino porque lo consiguió por méritos propios. Si me pidieran una definición, aunque se le conoce siempre como militar, creo que fue algo más, un hombre capaz de evolucionar en el tiempo. Y en un tiempo en el que las cosas no estuvieron muy paradas (termina la Edad Media, comienza el Renacimiento…). Gonzalo se adaptó bastante bien a esos cambios. Además, es una especie de referencia para los valores que imperaban en aquella sociedad, muy diferentes a los nuestros actuales. Es un prototipo de la lealtad, el honor, la honra…

el gran capitanIncluso su figura no estaba bien vista por el monarca, el Rey Fernando de Castilla…
Más que no estar bien visto por el monarca, este fue ingrato con él. El rey Fernando sabe que lo necesita porque es un militar de una capacidad extraordinaria. Pero el Gran Capitán no era una persona que se doblegara fácilmente. Cuando Gonzalo fue Virrey de Nápoles, le llegaban órdenes del monarca que él creyó poco adecuadas, y no las cumplió. Y no había muchos que se atrevieran a hacerlo eso. Por ejemplo, cuando le ordenaron expulsar a los judíos del reino de Nápoles se negó alegando que era malo para el reino, ya que eran muy buenos comerciantes y mercaderes y ayudaban a la prosperidad del reino. Era un valiente, pero no solo en el campo de batalla. Cuentan sus allegados que en vísperas de la batalla recorría el campamento y se preocupaba por los novatos, los alentaba. En ese sentido era un líder que atraía a la gente. Si no había comida o agua para los soldados, tampoco la había para él. Uno de sus capitanes, García de Paredes, decía: “Con el iremos a las puertas del infierno si hace falta”.

¿Cuántas dosis de realidad y de ficción hay en El Gran Capitán?
Yo que soy historiador profesional y profesor de historia, cuando escribo una novela sostengo una especie de pulso. El novelista se echa un pulso con el historiador, y procuro que no lo gane este último por una razón. Cuando alguien coge una novela histórica, lo que tiene en sus manos no deja de ser una novela. Por lo tanto, hay determinados aspectos que tengo que contar respondiendo a la verdad histórica, pero de una forma que resulte atractiva, dándole el recorrido novelesco. Un historiador se ciñe a los datos técnicamente, pero un novelista crea una situación sobre esos datos.

¿Por qué el Gran Capitán es otro de los tantos héroes olvidados de España? ¿Interesaba que pasase al olvido?
Pienso que no lo es tanto por el interés de que fuera olvidado, sino que estaba en la idiosincrasia, en la poca personalidad de los españoles como pueblo. Nosotros nos recreamos en nuestros acontecimientos históricos más trágicos. Todo el mundo habla de la Armada Invencible (que luego resulto no tan invencible), Trafalgar, o de la derrota de los Tercios en la batalla de Rocroi… Pero le hemos hecho poco caso a Cartagena de Indias y a Blas de Lezo (otro de los héroes olvidados), o la victoria de los Tercios contra el ejército sueco, que tenía fama de invencible.

El rey fue ingrato con el porque no se fiaba. Es explicable porque Fernando era muy suspicaz, receloso, desconfiado, quizás un punto envidioso… Llega a temer que el Gran Capitán se proclame rey de Nápoles. Hay una carta del año 1506 que escribe Gonzalo de Córdoba al rey (cuando este estaba en mal momento), donde más o menos le viene a decir que “si a su alteza le quedara solo un caballo, ese lo montaría yo para seguir defendiéndolo”. Y sin embargo, el rey recela continuamente de él. Incluso lo espiaba. Lo había mandado a Loja como Alcaide para humillarlo, después de haber sido Virrey (algo así como si a un presidente del Gobierno lo mandan de alcalde de un pueblo). Cuando el Gran Capitán estaba enfermo, semanas antes de morir, contacta con el rey y la respuesta de este es terrible, ya que pensaba que estaba disimulando para pillarlos por sorpresa. Murió días más tarde.

¿Por qué le interesa tanto la figura de Gonzalo Fernández de Córdoba a Calvo Poyato?
Tenemos que poner a disposición del público determinados momentos y personajes de nuestra historia que representan mucho nuestro pasado. Como historiador, tengo que decir que estamos donde estamos porque hemos recorrido el camino que hemos recorrido. Hay gente que ha tenido un papel importante a la hora de trazar ese camino, y creo que Gonzalo Fernández de Córdoba es uno de los que han tenido ese protagonismo. Por otra parte, el Gran Capitán murió hace 500 años, por lo que la fecha me pareció adecuada para darlo a conocer. Y había otro aspecto que me interesaba muchísimo; yo soy cordobés, al igual que Fernández de Córdoba, que nace en un pueblo próximo al mío. Por cercanía, siempre me ha atraído.

 

“Cuando escribo una novela sostengo una especie de pulso. El novelista se echa un pulso con el historiador, y procuro que no lo gane este último”

 

¿Cómo ha sido el proceso de documentación de la obra?
Lo primero que tenemos que hacer a la hora de documentarnos es acercarnos a la época, saber que ocurría durante aquellos años. Esos detalles son muy importantes para un novelista. Hay que ir documentándose y conociendo los datos, como por ejemplo, cuando empieza en España la gente a fumar. Y esas situaciones hay que reflejarlas en la novela respondiendo a la realidad. Luego hay que acercarse a los personajes de la época, que escala de valores tenían o como hablaban. Encontramos pequeños detalles que hay que cuidar y que crean los ambientes de la novela. Como medían las distancias, que enfermedades asolaban a la población, como eran las habitaciones de las casas, como se vestía la gente… Toda esa documentación te permite preparar el telón de fondo, el ambiente donde se mueven los personajes. Por otra parte están las figuras históricas. Y por último, la novela histórica te permite introducir algún personaje de ficción, que no existió en realidad pero que tiene que responder también a las formas de la época.

¿Por qué le apasiona tanto el género de la novela histórica a Calvo Poyato?
Yo empecé escribiendo novela histórica hace 20 años de una forma un tanto extraña. En esos días era un historiador con cierto recorrido, muy serio, que había publicado algunas obras de divulgación historica. Escribí mi primera novela por una razón fundamental: yo había estudiado mucho al último Austria español, Carlos II el Hechizado. Y algo que le ocurre mucho a los historiadores es que terminamos tomándole simpatía a un personaje cuando lees mucho sobre él, y acabas conociendo todo sobre su vida. Pero el historiador no puede dejarse influir por simpatías o antipatías ni nada parecido, ya que tiene que defender hasta donde le sea posible la objetividad. Pero ese cariño que yo le tome a Carlos II me hizo cuestionarme que, si escribía una novela, podía tomarme ciertas libertades al hablar de su figura. Esa fue la razón por la que empecé este recorrido por la novela histórica. Y ocurrió que la obra fue un éxito (risas). La editorial me pidió la siguiente novela, y así hasta el día de hoy.

¿Con qué compagina actualmente su trabajo de escritor?
Escribo artículos, participo en congresos, en jornadas, doy conferencias… Hasta hace relativamente poco he estado dando clases, y ahora imparto un cuatrimestre para personas mayores en la Universidad de Córdoba, sobre todo porque son personas muy interesadas que asisten por el deseo de aprender. Para mí, dar ese tipo de clases es un verdadero placer. Y estar con mis nietos (risas), eso es lo más fundamental.

 

“La gente sabe poco de nuestro pasado, y creo que la culpa la tenemos en buena parte los historiadores. Hemos escrito mucho para la tribu, para nuestros propios colegas, por lo que los libros son difíciles y duros de digerir y para el público”

 

Como historiador y escritor, ¿cree que estamos aplicando bien la historia en el sentido de no cometer los mismos errores que en el pasado?
No. Primero, pienso que la gente sabe poco de nuestro pasado, y creo que la culpa la tenemos en buena parte los historiadores. Hemos escrito mucho para la tribu, para nuestros propios colegas, por lo que los libros son difíciles y duros de digerir y para el público común no tienen atractivo. Durante mucho tiempo nos hemos resistido a hacer la historia asequible en el sentido de que sea entendible para la gente. Series de televisión como Isabel pone de manifiesto que a la gente le interesa el tema, pero si seguimos escribiendo libros larguísimos para explicar como se cobraba el diezmo en Sevilla durante el reinado de Alfonso X el Sabio, “apaga y vámonos”. En general, ese desconocimiento que hay entre la inmensa mayoría de la población de lo que ha sido nuestra historia, ayuda que a veces cometamos los mismos errores que en el pasado. Hay un viejo dicho que señala que los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla. Eso nos lleva a tropezar con la misma piedra en muchas ocasiones. Por eso defiendo las novelas históricas, más asequible para las personas, que pueden acercarnos a esos personajes y a esos momentos de nuestra historia de una forma más atractiva. Y luego está el hecho de que la historia no puede ser utilizada como un instrumento ideológico o político, ya que el historiador tiene que actuar con honestidad para cotejar el resultado que honradamente salga de su proceso de documentación.

¿Sabe quién será su próximo compañero de batallas en su siguiente novela?
No lo tengo todavía decidido claramente, pero ya ando maquinando. Hay un momento de nuestra historia, y alguno de sus personajes, que tampoco han sido tratados justamente, y desde luego, muchos de ellos están olvidados. Si yo hablo de Campillo, de Patiño, del Conde de Aranda, de Ensenada… estoy hablando de nombres que a muchos de nosotros no nos suenan para nada. Me parecieron un ejemplo de ministros honrados y decentes, muchos de ellos murieron pobres después de ejercer su cargo. Busco ese ejemplo de decencia en el desempeño de su trabajo (que además lo hicieron de una forma estupenda). Estamos viviendo determinadas situaciones en nuestro país que apuntan justo en sentido contrario. Me parece que a esta gente hay que destaparla y, de alguna manera, señalar que las cosas se pueden hacer de forma diferente a como alguno las han hecho recientemente. Creo que tenemos que recordar a estos hombres, que incluso pusieron en riesgo su vida por conseguir sus objetivos (es poca la gente que sabe que Jorge Juan, marino ilustrado que hace progresar la ciencia, estuvo de espía en Londres para traer ingenieros a España, misión que casi le cuesta la vida). Toda esa gente merece un recuerdo. No se aun como será mi próxima novela porque este proceso suele ser bastante complejo, al menos en mi caso, pero podría ser que me moviera por ese territorio.



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