El Festival Territorios celebra su mayoría de edad entre aplausos y problemas técnicos

El Festival Territorios celebra su mayoría de edad entre aplausos y problemas técnicos

 

Aun estamos de resaca musical, tras un fin de semana cargado de sonidos, emociones y grandes dosis de música de lo más variada y dispar. En primer lugar, queremos trasladaros varias puntualizaciones previas sobre el festival, sus implicaciones, organización, fecha, etc.

Partimos del agradecimiento que todo buen aficionado a la música, más o menos independiente, debe profesar y tener respecto de la organización. Sólo ellos saben las dificultades que, con la que ha “caido” y sigue cayendo, tiene poner de largo un evento cultural a día de hoy. Eso, no se nos debe olvidar nunca (esta semana hemos asistido sin ir más lejos a la cancelación de Alamedeando y son innumerables los proyectos culturales que han visto rasurados al máximo sus recursos y apoyos). El Festival lleva dieciocho años sin faltar a su cita, y eso no debe ser obviado.

Respecto a las cuestiones de organización y de gestión, sin duda todo es mejorable. Hay que resolver claramente problemas logísticos como los accesos y otras cuestiones que, a estas altura del partido, ya deberían estar más que ajustados (no se pueden permitir colas de más de cuarenta y cinco minutos para acceder al recinto). Tampoco debemos olvidar las dificultades que conlleva gestionar un grupo de voluntarios, que con toda la buena intención del mundo colaboran con el festival, pero que sin duda no aportan lo que un equipo profesional. En este caso, desde aquí agradecemos especialmente a Macarena su atención durante todo el desarrollo del Festival. Otras cuestiones a mejorar, desde nuestro punto de vista, tienen que ver con el sonido (hubo problemas en varios conciertos), la fecha o con los horarios (el descuadre del sábado no se puede volver a repetir). Por otro lado, nos gustaron algunas mejoras que el festival ha ido introduciendo, y que sin duda aportan más calidad y profesionalización.

 

VIERNES 12 DE JUNIO

Entrando en lo estrictamente musical, la jornada del viernes (especialmente en su parte final), parecía configurada por los promotores del Sonar, con una carga electrónica digna de este famoso festival barcelonés (que ya se extiende incluso en latinoamérica). Como comentabamos en la previa, dos primeros espadas de la música de baile, con remezclas, sintetizadores, pantallas y demás “utensilios”, para que nadie se quedase sin bailar en una jornada inicial que se extendió más allá de las cuatro de la mañana. Nos centramos en el análisis de varios conciertos desarrollados el viernes.

El primero, The Strypes. Ya lo advertiamos previamente, y así se confirmó. Estos casi adolescentes irlandeses, tenían la dificil labor de hacer sombra en el escenario Cruzcampo, al hip hop de SFDK que atraía a la mayor parte del público en el escenario Cadena Ser. Horario excesivamente diurno para estos nuevos “The Strokes” (de los que llegó incluso a sonar un acorde casi imperceptible). Poco a poco se metieron al público en el bolsillo, atrayendo a los escepticos que no sabían a que escenario acudir. Quédense con este grupo, su sonido cercano a Franz Ferdinand, si no se estropean, va a perdurar mucho tiempo.

Tras los británicos, había que decidirse o partirse en dos. Había que elegir entre Macaco, que comenzó antes su bolo, o Dorian. El primero, apareció en el escenario muleta en mano (no de las de toreo), y a pesar de su lesión en el pie, no dejó respirar un momento al respetable, concatenando uno tras otro su ristra de éxitos “primoshermanos”, pero efectivos a más no poder entre un público absolutamente entregado. Corrimos para ver a Dorian, que ponían de largo su reciente nuevo disco Diez años y un día. Marc y toda su “gente”, acompañada en esta ocasión por varios apoyos de música de viento, en este nuevo formato más acústico. Personalmente, y aunque desfilaron todos y cada uno de sus éxitos (que ya son unos cuantos), el directo de Dorian encaja mejor en otro tipo de escenarios, donde su estilo y música son más afines y se puede saborear mejor el trabajo de la banda. Y como antesala de los cabezas de cartel, y como previa a la descarga de electrónica pura, The Zombie Kids. Estos Dj’s que se ven influidos por casi todo tipo de música, hicieron las delicias de los asistentes, ya que basan parte de sus remezclas en música popular (incluso del mismisimo Michael Jackson), dotándola de tintes electrónicos que las transforman en más que bailables.

Tras este primer plato de electrónica llegó el turno de uno de los artistas más esperados de esta primera noche de Territorios 2015, Afrojack. Este holandés, una de las jóvenes promesas de la electrónica actual, hizo vibrar el Monasterio de la Cartuja durante las dos horas de su show a base de electro-house, con temas del nivel de Hey Mama (uno de sus últimos éxitos junto a David Guetta y Nicki Minaj) o los remixes de FouFiveSecond (de Kanye West, Rihanna y Paul McCartney) y Rolling in the deep (Adele). Y, finalmente, nos trasladamos al cierre del escenario Cruzcampo para bailar con uno de los artistas con más peso del cartel, Richie Hawtin. Este veterano de la electrónica, en contraste con el estilo más comercial de Afrojack, se mantuvo en su línea con ritmos entre el EDM, el dance y el techno.

 

SÁBADO 13 DE JUNIO

Y llegó la jornada más esperada por todos (o casi todos), la del sábado. Largas colas en el acceso ya desde muy temprano. El sábado se acumuló pronto muchisima gente con ganas de no perderse a Mártires del Compás, hecho que generó cierta desorganización en el acceso al recinto. Para calentar motores, Dubioza Kolektiv y sus ritmos balcánicos extremos. El escenario Cadena Ser se tiñó de amarillo literalmente con esta banda bosnia y su potente sonido proveniente del reggae, el dub, el rock o el ska. El público presente puede dar constancia del gran espectáculo que dieron.

Por su parte, los que decidieron estar en el concierto del ciclo Hola y adiós, acertaron de pleno. Posiblemente, junto a The Strypes, el de los Mártires fue el concierto del festival. La reunión del grupo en torno a la figura de Chico Ocaña, hizo las delicias de todos los que allí estábamos. Repasaron esa obra maestra que es Flamenco Billy y literalmente la “liaron”. Luego Ilegales para poner también la experiencia y el rock patrio encima del escenario, grupo sólido, experto y de primera fila. Y los problemas con los horarios, destrozaban la planificación de los asistentes. La idea era estar en Calle 13 y de ahí, irse a ver a Supersubmarina, pero el retraso ocasionado, hizo que se “pisaran” ambos grupos. Descontento en la gente de Supersubmarina, que veían como le surgía un duro “competidor” al otro lado del Festival y que sin duda restó la asistencia de mucho público a su concierto. Tuvimos que volver a ir de un sitio a otro, cuestión que al final siempre deja cierto mal sabor de boca por no poder disfrutar en plenitud.

Calle 13 es un valor seguro y su puesta en escena, capacidad de atracción y “buenrollo” en general devolvieron a cada uno de los asistentes las esperanzas que tenían depositadas en ellos. Hasta la bandera el escenario Cruzcampo, se perdía las cabezas adelante y a los lados del escenario, y los puertoriqueños acompañaron los temas de su último disco, con sus clásicos que fueron celebrados por todo lo alto y bailados por todos y cada uno de los “territorienses”. Corrimos, corrimos mucho para poder estar también en el bolo de Supersubmarina. Allí estaban los jiemnenses, que trasladaron su enfado con la organización, pero no por ello restándole un ápice de profesionalidad a su actuacion. El sonido de esta banda ha crecido exponencialmente desde su anterior aparición en el festival, momento en el que empezaban a hacerse un hueco en esto de la música. Hoy ya son un grupo, que a pesar de su juventud, se encuentra consolidado en la élite del indie rock nacional. Nos quedamos con un momento del concierto, y no es otro que la posibilidad de volver a escuchar su tema homónimo, ese que les catapultó al estrellato y que bailamos hasta la extenuación.

Y como se trataba ya de darlo todo, y de bailar, la organización nos tenía reservados de postre dos grandes platos fuertes. El primero de ellos fue The Ting Tings, dueto inglés que sabe mezclar y manejar pefectamente la música de baile con el rock. Este que les escribe los descubrió hace ya muchos años con su We started nothing, donde se integraban los Great DJ, We walk, Keep your head o That’s not my name. Unieron su reciente trabajo Supercritical, con sus antiguos temas para evaporar de un plumazo el frío de la noche sevillana, a base de trallazos. Por último, Bomba Estéro desde Colombia. Aleación de electrónica y musica mestiza, afrolatina. Apuesta arriesgada y más que positiva del Festival para clausurar una edición que, a pesar de las críticas, volvió un año más a tener el honor de ser el mejor festival de música de Sevilla. Aunque también (todo hay que decirlo) desde aquí nos sumamos a que el crecimiento del festival debe ser obligatorio para los próximos años.



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