Por dónde íbamos…

Por dónde íbamos…

 

No nos confiemos ni tergiversemos. Ni hemos despertado de la pesadilla ni vivíamos en el paraíso. Nada volverá a ser igual, entre otras cosas porque el mundo ha dado muchas vueltas, pero muchas, muchas, como para no tener el pellizco de ambición necesario y pedir mucho más y mucho mejor en lo que esté por venir. De esta crisis hemos aprendido a hacer muchas cosas bien, a elegir y desechar caminos o a equivocarnos con los menores daños posibles y todo ese conocimiento no debería perderse nunca. Pero, al mismo tiempo, es necesario retomar ciertos aspectos prácticamente perdidos en los últimos cinco o siete años, ciertos criterios, ciertas realidades. Hoy Escenarios de Sevilla ha hecho su particular aportación, su personal puesta en escena, para recordarnos algunas de estas cosas.

La cultura en general las artes escénicas en particular viven, en Andalucía y en Sevilla, una especie de extraño letargo como sector. Han surgido nuevas realidades, aún por estructurar y consolidar, pero al mismo tiempo los esqueletos del sector se han desarmado casi por completo. Entre los distintos termómetros que nos llevarían a pensar así estarían las asociaciones profesionales.

Tras un periodo de crecimiento exponencial durante el comienzo del siglo XXI, a partir de 2008/2009 las asociaciones empiezan a desmembrarse, diluirse, perder peso, actividades, influencia, proyectos y proyección, al ritmo al que sus socios miembros iban adelgazando, centrándose en sus gravísimos problemas internos o, directamente, cerrando.

Todo esto iba sucediendo al compás en el que su principal interlocutor, la administración, pasó de mentir –igual hasta sin intención- a no saber qué decir, para terminar desapareciendo: La ausencia de un interlocutor con el que trabajar no fue precisamente lo que mejor podía orientar un asociacionismo creado casi exclusivamente para interlocutar.

Ni el sector, ni las asociaciones, ni la administración han hallado, esa es la realidad, un nuevo paradigma

 

Esto es un resumen muy intenso que encierra unas realidades enormemente complejas. En cualquier caso, ni el sector, ni las asociaciones, ni la administración han hallado, esa es la realidad, un nuevo paradigma, y tal vez es que no se trataba de reinventar la pólvora, sino simplemente de secarla para que volviera a funcionar.

Como decíamos, Escenarios de Sevilla ha presentado un nuevo proyecto. Una agenda para conocer y presentar de forma atractiva la programación de los espacios que integran actualmente la asociación: Sala Cero, La Imperdible, Teatro Quintero y Centro TNT. Sí, la mitad de los socios con los que contaba la asociación antes de la crisis, muchas bajas y solo una cara nueva encarnada por un Teatro Quintero que al fin parece tener rumbo claro con el tándem LZ-Sala Cero. Y también pensada para interactuar con el público, conocer sus opiniones, sus aportaciones…
Pero Escenarios de Sevilla ha hecho algo más que eso. Ha reivindicado su existencia y también la de otros espacios culturales no adheridos y aún en funcionamiento -“La otra escena es su nuevo lema, de hecho-.

Porque en una ciudad como Sevilla debería haber una oferta teatral y escénica vibrante, a la última, cargada de emociones, reflexiones, arte, sensaciones y nuevas experiencias que nos cambien la vida.

Porque Sevilla tiene capacidad de sobra para contar con unos espacios con personalidad propia, con líneas de programación definidas y públicos fieles, intercambiables y continuos, que demanden riesgo y ocio, calidad y variedad, risas y lágrimas, clásico y moderno, danza y circo.

Porque la cultura de autogestión, la cultura que se hace en pequeños espacios, bares o tiendas, es decir, la cultura sin apoyos, debe existir y ser también tejido cultural, pero al mismo tiempo debemos entender, como sociedad, que es imprescindible que existan espacios culturales con unas condiciones que les permitan desarrollar proyectos, ideas, y esa programación vibrante y a la vanguardia que desde otras realidades más precarias es imposible.

Porque en Sevilla debemos dejar de ver 10 euros como un precio caro para el teatro y 6 barato para un cubata.

Porque ir al teatro debería ser algo especial, algo que nos hiciera sentir mejor personas, sin que esas sensaciones lo conviertan en algo excepcional; al contrario: deberíamos tenerlo incorporado en nuestro día a día.

Porque unos proyectos fuertes son la única manera de generar realmente una cultura de la cultura; una base de público y una sociedad concienciada con el beneficio que una ciudad disfruta cuando sus espacios y proyectos culturales no son trabajados desde la miseria, la angustia y/o las necesidades más primarias.

Qué duda cabe de que esta agenda que han presentado, y que incluye un programa de “Amigos de Escenarios de Sevilla”, es una apuesta firme y decidida por la fidelización de públicos. Una iniciativa que, de tener éxito, puede dar un impulso renovador y refrescante no visto hasta ahora a la maltrecha escena sevillana.

Por todas estas cuestiones pienso que la re-presentación de hoy de Escenarios de Sevilla bien pudiera ser, una vez más, una importante puesta de largo. Esperemos que sea solo un primer síntoma de un sector que se rearma, que vuelve a tener ideas y a tener capacidad de unión. Un sector que vuelve a querer mostrarse como un bloque maduro, con propuestas y con una oferta que plantear a la sociedad, esa de la que es tan, tan importante, obtener una urgente respuesta.



Gestor cultural. Experto en comunicación cultural. Director de ElClubExpress



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