Rebuscando entre recuerdos y emociones

Rebuscando entre recuerdos y emociones
La Buscona
Compañía: Trastero 203
Creación: Mercedes Reyes e Isabel Ramírez
Dirección: Isabel Ramírez
Intérprete: Mercedes Reyes
21 de octubre, 21h. Sala Cero (Sevilla)

 

 

La Buscona es el título de la primera creación que llega de la mano de Trastero 203, compañía creada por la actriz Mercedes Reyes, una habitual de las tablas andaluzas, siempre como acompañante de otros proyectos de forma más puntual o de forma más constante: actriz de teatros como Vuelta y Vuelta o Buho Teatro, talleres de teatro, participación en cortometrajes, narradora oral, actriz de improvisación… Una habitual y muy querida actriz, muy de su tiempo –haciendo de todo- que para éste, su primer montaje, ha buscado la complicidad de una de las actrices más creativas, inquietas, conocidas, divertidas y supervivientes del panorama teatral sevillano: Isa Ramírez. Entre las dos han generado un clima de complicidad que les ha llevado a un proceso muy personal para contar una historia muy personal, un proceso al que se han ido incorporando otras miradas cómplices, en su mayoría femeninas, como la de Ana Ropa (ayuda en creación), María Ruiz (asistencia en dramaturgia), Carmen Mori (dirección de iluminación), Daniel Carrasco (títeres) o Sebastián Iampietro (escenografía). Bajo estas circunstancias, viento a favor para el estreno de este montaje, con la Sala Cero concatenando llenos y ambiente familiar, pese a ser martes y miércoles, con el papel prácticamente vendido desde varios días antes de las representaciones.

El espectáculo recrea una búsqueda al interior de una mujer joven e independiente, con estrechos vínculos familiares, a partir de la búsqueda física de un objeto de valor simbólico, concretamente un antiguo vestido, en un entorno no menos físico –y no menos simbólico- como es el trastero o almacén familiar. Allí, rodeada de todo tipo de cachivaches, los objetos toman forma de memoria o viceversa, en un ejercicio de evocación muy asequible y directo, funcional podría decirse, que toca la fibra del respetable. ¿Quién no ha acumulado y arrinconado distintos objetos en su vida que, de alguna manera, conforman nuestras trayectorias vitales? ¿Quién no cuenta con algún juguete, electrodoméstico, mueble o prenda de vestir que active, cual resorte, una pasaje, fundamental o secundario, de nuestra infancia o adolescencia?

En el camino hacia el vestido, distintos objetos son cuidadosamente seleccionados para ser hallados y tomar vida a través de los recuerdos. Gracias a estos recuerdos la actriz, a partir de su propio texto original, puede desplegar un importante número de personajes y de recursos dramáticos, comenzando por un explícito homenaje a Fernando Mansilla y pasando por el teatro musical, el humor, la manipulación de objetos, la telenovela mexicana o el drama. Un contexto –actriz sola en el escenario, texto propio y personal, multitud de registros- ideal para una intérprete con muchas ganas de demostrar de lo que es capaz sobre el escenario.

Todas estas características son las que hacen de La Buscona un espectáculo muy del gusto de un agradecido público, que devolvió con dos ovaciones, martes y miércoles, el esfuerzo de esta joven compañía. También, por mostrar algún contrapunto, son todas estas características las que hacen que aquellas personas que no accedan –no accedimos- emocionalmente a la propuesta de Trastero 203 vean en La Buscona un montaje bien intencionado, pero tal vez no demasiado original. Probablemente, al llegar a este párrafo quien haya frecuentado el teatro alternativo de la ciudad en las últimas décadas habrá podido tener como referencia otras muchas experiencias escénicas de características, dentro y fuera de las tablas, prácticamente idénticas. En efecto para ellos –para nosotros- La Buscona tal vez carece de suficientes alicientes y novedades. Y, por entrar en un clásico de la pedantería teatrera, en la que me incluyo -¡por supuesto!-, este mismo espectador habitual, este petardo que ya no es ni público, porque ya no ve los espectáculos con la misma tierna y/o neutra perspectiva, porque ya se ha convertido en una cruel máquina diseccionadora, dirá aquello de “le sobran 20 minutos”, “yo quitaría tal o cual escena”, “ha querido hacer demasiadas cosas”. Pueden hacerle caso a ese ser irritante y despiadado o a un patio de butacas en pie, silbando, batiendo palmas, riendo a carcajadas durante el espectáculo y con la lagrimilla al borde del precipicio.



Gestor cultural. Experto en comunicación cultural. Director de ElClubExpress



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