Los Ismo-Ismos. Las nuevas corrientes artísticas del siglo XXI

Los Ismo-Ismos. Las nuevas corrientes artísticas del siglo XXI

 

BUENAS TARDES por Antonio García Villarán 

Un inmenso placer estético y espiritual es experimentado por mí cuando visito alguna de estas exposiciones con obras originales de los artistas que tanto me gustan y de los que tanto he aprendido. Ver un trozo de papel dibujado por Egon Schiele enmarcado con paspartú de un blanco roto, con cristal mate y marco dorado, iluminado con luz tenue -para no dañarlo- en una sala en la que nadie tose por no molestar y anda despacio para hacer como que entiende perfectamente la profundidad de cada trazo, lo profundo que hay en el gesto del artista al posar su lápiz de grafito en el papel, es simplemente maravilloso.

A veces me pregunto por qué he viajado tanto a la capital para ver esos trozos de papel que antes no despertaban en mí más que indiferencia. Van Gogh, por ejemplo. Es cierto que fue amor a primera vista, pero el éxtasis… ¿De dónde viene esa sensación que experimenté al ver por vez primera una de sus obras originales? Eso suponiendo que fuese una obra original, y no una copia. ¿Quién pone la mano en el fuego para asegurar que ese cuadrito pintado al óleo que está colgado con tantas medidas de seguridad en el museo de turno está realmente pintado por la mano de Vincent? De todas formas la fe mueve patrañas, y la emoción se mueve por estos parámetros. Mareos, visión borrosa, calores, ahogamiento y no sé qué más experimenté al ver aquel trozo de tela por vez primera. Pero ¿Por qué? Muy sencillo. Me comieron el coco, señores y señoras. Me machacaron. Me convencieron. Fijaron a fuego la idea de que esa pieza, cualquiera de ellas, era poco más que algo inexplicable, un objeto muy valioso y único, un tesoro. ¿Los cómplices y artífices? Están en todas partes; en la Universidad, en el Instituto, en el Colegio, en las Editoriales, en los anuncios publicitarios y hasta en la sopa, en la de letras, claro.

Esto ha provocado el terror más terrorífico. El hacernos amar los Ismos ha creado un tsunami imparable de imitadores con buenas intenciones que han dado como resultado estos sucedáneos. Desde mi humilde posición me dispongo, con ánimo de servir a “Papá Arte”, a servir de crisol para aclarar la complejidad de sus significados:

El Catetísmo: Dícese de las obras que quieren ser y no pueden. Cuadros pintados generalmente con la técnica del óleo sobre lienzo, de formato estándar, con colores poco mezclados, fallos de perspectiva y sin ningún tipo de profundidad, queriendo ser todo lo contrario. No confundir con obras de arte Naif, diferenciadas de las obras catetístas por ser las primeras completamente intencionadas. Los temas representados suelen ser revisiones de obras del renacimiento con objetos del siglo XX y XXI, esto es, bodegones con botellas de vino vacías, paños bordados de macramé y fruta del tiempo.

El Retratísmo: Como su propio nombre indica se trata de realizar copias de fotografías borrosas o poco definidas, generalmente con escaso parecido hacia la persona que representan, y realizadas a pastel o al óleo con la técnica de la ampliación por cuadrícula o el calco. Es importante usar fotografías en mal estado y de pequeño tamaño, convirtiéndose en misión imposible percibir los rasgos, la luz, el contraste y, como consecuencia, conseguir el parecido. Este tipo de obra se caracteriza por la idealización de la persona representada usando rasgos de hada, Barbie o Ken o tramas de difuminado como si de una media puesta en el objetivo de la cámara se tratase.

El Abstraccionísmo: No confundir con el Arte Abstracto, el abstraccionísmo se basa en la representación de la absoluta nada sin ningún sentido aparente. También es llamado el manchurronísmo o el mamarrachísmo, a causa de sus cualidades inocuas y vacías. Cualquiera que quiera ser pintor o pintora en el siglo XXI puede practicar el Abstraccionísmo sin temor a errar. Sólo tiene que manchar un cartón o lienzo con colores puros, pocos trazos y manteniendo la mente en blanco. Cualquier intento de dotar de contenido a una de estas obras la estropearía por completo.

Minimísmo: Dícese del arte de hacer lo mínimo y de usar mucho el color blanco. Se trata de la corriente más extrema del llamado Minimalísmo, aplicado a la obra de Arte de hoy. En lo que concierne a la escultura es imprescindible utilizar objetos no producidos por el propio artista y, al ser posible, tampoco manipulados por él. Su obra consistirá en colocarlos en un espacio blanco y diáfano para que la poesía del entorno actúe como altavoz de lo mucho que el objeto tiene que decirnos sobre lo divino y lo humano. Si lo pintas de blanco, mejor.

Son muchos más los Ismo-Ismos que nos rodean, pero ya esta bien.

 

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